viernes, 14 de junio de 2013

Una rubia de ojos verdes.

Son las nueve de la mañana. Estoy desnudo y sentado en mi cama viendo como el sol se alza en el horizonte.
Desnuda es mi desnudez. Es un sentimiento casi pavoroso hasta que me doy la vuelta y te veo dormir plácidamente. Eres tan preciosa.
Mis dedos acarician tu precioso rubio pelo al son de tu respiración, poniendolo detrás de tus preciosa oreja. Sí, eres tan preciosa...
Sonries risueñamente. Me acuerdo de la noche anterior perfectamente y te miro con deseo. Trás un rato observandote me doy cuenta de que es amor, no deseo.
Me levanto de la cama y me pongo unos pantalones, corro hacía la cadena de música. Corro porque sé que despertaras.
Pongo a Boccherini y sus magnificos quintetos para guitarra. [
]
Apenas empieza a sonar la música y tú abres los ojos poco a poco. Hay una figura que te tapa el sol del amanecer. Soy yo, me he apresurado para tener ese pequeño detalle y estar contigo cuando despiertes.
Me sonries, te sonrio.
+¿Qué haces levantado bobo? 
Me preguntas.
-Estaba viendo como dormias.
Te respondo.
+¿Siempre eres así de bobo?
Me reprochas entre sonrisas.
Tus ojos verdes brillan por el destello del sol anaranjado y tu pelo parece seda. Tu sonrisa me cautiva por momentos y mi cerebro se queda anonadado un milisegundo obteniendo una imagen mental de aquel momento.
-Sí
Te respondo.
Entre una sonrisa y una risita perversa me atraes hacía tu cuerpo desnudo y yo me dejo llevar.
[...]
Y justo en aquel momento abro los ojos y la música de Boccherini llega a su cúspide, te mueves a la par que yo como el "dos por cuatro" del compás. Hace calor, hace mucho calor y tu respiración jadeante restalla contra mi oido. Y nos invade el placer, juntos, como dos corazones que laten como uno solo.
Te tumbas a mi lado. Veo la ropa desperdigada por el suelo y me giro hacía a ti.
Te sonrio, me sonries.
Me besas, te beso.
Apoyas tu cabeza en mi pecho y cierras los ojos, no te quieres levantar.
Cierro los ojos y oigo que la obra maestra de Boccherini está llegando a su final.
-Te quiero pequeña.
+Te quiero bobo.
Me besas suavemente por última vez y nos dormimos, solo un rato más, no va a ser mucho.
Me despierto y veo que son las doce y media. Asustado miro a mi lado y te veo dormiendo plácidamente otra vez, victima de un sueño agotador.
Sonrío. 
Estás ahí, no te has ido, no has sido un sueño.
Oh Dios mio, que feliz soy.

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